Del nacimiento de la escritura a los primeros alfabetos.

En su expansión hacia el Sur, el alfabeto fenicio fue adoptado por el hebreo. La inscripción más antigua conocida es la conocida como "calendario de Gezer", del siglo X a.C., que contiene un catálogo de actividades agrícolas, aunque no es fácil distinguir si se trata de una inscripción hebraica o todavía fenicia. Es, en cambio, una inscripción moabita (idioma semítico también que adopta el alfabeto hebreo) del siglo IX, la denominada del "rey Mecha", la que atestigua el paso del alfabeto fenicio al hebreo, así como otra de Arad la que muestra el tránsito de uno a otro. Se conocen numerosas inscripciones hebreas, fechadas entre los siglos VIII al VI a.C. y procedentes de Samaria, Arad, Jerusalén, etc., que demuestran un gran desarrollo de la escritura en estas épocas y que fueron escritas sobre una gran diversidad de materiales: papiro, piedra, cuero, vidrio, etc. Como ocurría con el arameo, había una mayor tendencia a la cursividad y fue escasa la evolución de las formas. Esta escritura se usó en la literatura religiosa , pero fue abandonada hacia el siglo VI a.C., por la diáspora judía y su exilio hacia Babilonia. No obstante no desapareció del todo, pues siguió cultivándose en las pequeñas comunidades samaritanas y aún se encuentra en parte de los rollos del Mar Muerto, en monedas y otros textos de época hasmonea (150- 30 a .C), herodiana ( 30 a .C.-70 d.C) y hasta aproximadamente el 135 d.C.

Sin embargo, a partir del siglo VI a.C., la comunidad rabínica y los judíos ortodoxos abandonan esta escritura y la sustituyen por el arameo, cuya introducción se atribuye a Ezra, que la traería consigo desde el exilio de Babilonia. La oposición a la vieja escritura hebrea se manifiesta en que los textos sagrados, como la Michna o la Torah, ya que fueron reescritos en arameo. De esta escritura derivaría la segunda escritura hebrea , denominada hebreo cuadrado, implantada en el siglo III a.C. y usada en la actual Israel.
Además de estas dos lenguas, hay otras también semíticas cuyos alfabetos derivan directamente del fenicio o bien se desarrollan a través de aquéllas: la moabita, ya mencionada a propósito de la inscripción de Mecha, que deriva del hebreo, y la edomita, de los siglos VII y VI a.C. Ambas están situadas dentro de un grupo de escrituras del Sur de Palestina y de Transjordania, según ha identificado L.G. Herr.

Con el arameo se propagó la escritura alfabética de forma espectacular, ya que fue el idioma oficial de los imperios babilónico tardío, asirio y persa; incluso se utilizó en Egipto, Arabia, Cilicia, Anatolia, Afganistán o la India. Surgieron así diferentes escrituras arameas tardías que contenían variantes y dieron lugar a una serie de alfabetos derivados de él, entre ellos: el nabateo, el palmireño, el arameo de Hatra, en la región de Nínive, o el siríaco, además de una de las formas del alfabeto hebraico, según se menciona más adelante. El alfabeto nabateo, así como la lengua dialectal aramea que refleja, fue adoptado como escritura oficial del reino árabe nabateo, establecido en el siglo II a.C. desde Hijaz hasta el norte de Jo rdania con capital en Petra. De este modo se sustituyó la lengua y alfabeto existente en la zona hasta entonces , que era una variante septentrional del sud-arábigo. El reino nabateo fue conquistado por los romanos en el 106 d.C., pero se conservan inscripciones de esta lengua y escritura hasta el s.IV d.C. La localización de hallazgos procede tanto de Petra, como de Arabia Saudita y el Sur de Siria. El palmireño está bastante bien atestiguado en dos variantes gráficas, cursiva y monumental, cuya documentación abarca desde mediados del siglo I a.C. hasta el año 272 d.C. en que la ciudad de Palmira fue destruida por los romanos.

El siriaco deriva también del arameo y es una variante local desarrollada en la zona de Edesse (hoy Urfa), muy similar a la de Palmira, y que se documenta desde el año 6 d.C hasta el 243 d.C., en un texto procedente de Dura Europos. La zona siriaca se convirtió en el centro fundamental del cristianismo dentro del mundo árabe, por ello se tradujo la Biblia hacia el 200 d.C. a este dialecto arameo, denominado siriaco, y se extendió desde Palestina a lo largo de la ruta de la seda. Se conservan diversas variantes, una elegante, característica de los manuscritos, denominada estrangelo (del griego "strongoulos"), y otras surgidas a raíz de luchas sectarias entre los cristianos siriacos orientales u ortodoxos, que adoptaron el alfabeto nestoriano y los occidentales o "jacobitas" que usaron la variante jacobita o serto. Otras variantes surgen también en ese momento, como el melquita usado por los cristianos de Constantinopla.

Las escrituras semíticas, como el hebreo, el arameo y sus derivadas, al igual que el fenicio, no anotaban las vocales, si bien empezaron a usar signos complementarios a base de puntos escritos encima o debajo de las letras, llamados matres lectionis ("madres de lectura"), o "puntos vocálicos" o "signos diacríticos", que servían para orientar cuál debía ser la pronunciación en cada caso.

El alfabeto árabe, denominado alifato, es actualmente uno de los más extendidos debido al avance del Islam. El pueblo árabe aparece identificado claramente hacia el siglo IX al VII a.C., durante el período asirio; sin embargo, su papel en la historia de Oriente y del Mediterráneo no cobra importancia hasta después de Cristo. Se sabe de la importante presencia árabe en ciudades helenizadas como Palmira y Edesse, donde se escribe en griego y en escrituras arameas, ya mencionadas. La lengua árabe se extendió a Palestina, Jo rdania y Siria durante la primera mitad del primer milenio; no obstante, el alifato no aparece documentado hasta el siglo VII d.C. Como también se ha indicado antes, el primer reino árabe, el de los nabateos, usó un alfabeto (y la lengua también ) derivado del arameo para la escritura oficial. Desde la más antigua inscripción nabatea, el texto de Namara (328 d.C.), que proviene de la tumba de un rey de la dinastía lajmida , al sur de Siria, al primer texto escrito en árabe sobre papiro, del 643 d.C., hay un hiato cronológico considerable. Éste es apenas subsanado por cinco inscripciones que se fechan entre estas dos épocas y que pueden considerarse precursoras de las formas cursivas árabes, incluso del cúfico -variante usada para las copias del Corán, para algunas inscripciones monumentales y algunos, aunque minoritarios, manuscritos de otro tipo de textos-.

El alfabeto árabe deriva del arameo, a través del nabateo, según una buena parte de los especialistas, concretamente de la variante dada en la península del Sinaí, denominada sinaítico; sin embargo, otros consideran que procede del siriaco (teoría tradicional). Los argumentos de unos y otros pueden ser igualmente válidos y no definitivamente concluyentes; de hecho, hay una parte que considera que pueden haber influido diversas variantes y que el influjo no es exclusivo del nabateo o del siriaco. El árabe, que se escribe de derecha a izquierda, adaptó las formas de las letras pero tuvo que modificar algunas, añadir otras para consonantes que no existían en el modelo, etc. Otra de las diferencias notables es que alteró el orden de las letras, probablemente para agruparlas por semejanza de formas, si bien no hay una uniformidad en esto en los diferentes lugares donde se escribe actualmente árabe. La escritura tuvo dos variantes, una monumental y otra cursiva, usada ésta especialmente en papiros y pergaminos en su origen. Dentro de ella, la más significativa es la variante cúfica, ya citada. Hoy en día sólo algunos textos cuidados y algunas copias del Corán se escriben con la notación completa de signos diacríticos para las vocales.

El alfabeto griego: un alfabeto moderno
Desde la desaparición prácticamente total de los sistemas de escritura conocidos tanto en Creta como en la Grecia continental o en Chipre, es decir, el lineal A y el lineal B, después de la destrucción de los palacios de Cnosos ( 1380 a .C.) y Pilos ( 1200 a .C.), no hay apenas manifestaciones escritas hasta el siglo VIII a.C., en el que surgen los primeros textos escritos en alfabeto griego. Es posible que, como señala Dow, fuera del ámbito de los palacios -usos de contabilidad y economía de los mismos, inventarios, etc.- el empleo de la escritura fuese escaso y terminase por desaparecer con la destrucción de los centros en los que surgía. Precisamente por este motivo, resulta más sorprendente la irrupción, cinco siglos más tarde, del alfabeto tomado de los fenicios -pueblo con el que tenían relaciones comerciales posiblemente ya en el siglo IX a.C.- y su rapidísima propagación. Como indican algunos autores, dando una visión algo romántica del asunto, tal vez la difusión del alfabeto y, por tanto, de la actividad de la escritura, ayudó a los griegos a salir de una época oscura, tras la desaparición de las culturas minoica y micénica, y entrar en lo que constituyó uno de los capítulos más impresionantes de la civilización de la humanidad. Lo cierto es que las primeras documentaciones no se limitan a listas de productos, anotaciones de contabilidad, etc., sino, muy al contrario, son de carácter privado, de actividades cotidianas, deportes, incluso de carácter poético. La más antigua es la jarra de Dipilón de Atenas, que contiene una alusión a los bailarines, o la leyenda de la copa de Ischia (cerca de Capri) identificándose el objeto con la copa de uno de los legendarios héroes de la guerra de Troya , Néstor: "Yo soy la deliciosa copa de Néstor. Quien bebe de esta copa pronto será presa del deseo de Afrodita, coronada de belleza". El alfabeto y la escritura calaron en todos los ámbitos de la vida, procuraron el desarrollo de la cultura, la literatura y, lo que no es menos importante, la alfabetización de sectores de la población mucho más amplios de los que cabía esperar con otros sistemas de escritura más complejos.

Los griegos establecieron los orígenes de la escritura en sus mitos; así se atribuye su otorgamiento a diferentes divinidades como Hermes, Prometeo, Palamedes o Cadmo. Este último fenicio, que habría de llevar la escritura a Tebas donde la habría enseñado , era protagonista de la historia de amor de Cadmo y Harmonía. Las leyendas esconden, en este caso, la realidad de la importación del alfabeto. Los griegos lo tomaron en una época en que el fenicio aún no había fijado la disposición de la escritura, pues alguna inscripción es aún multidireccional y alguna otra procede de derecha a izquierda como aquél, pero terminó fijándose después de izquierda a derecha. Mantienen en cambio el orden de las letras de forma bastante fija, aunque añaden otras nuevas al final (phi) F, (psi) Y, (ji) C. La gran innovación del alfabeto griego consistirá, no obstante, en incorporar plenamente al alfabeto las letras correspondientes a las vocales. Algunas de las adaptaciones más significativas fueron la utilización del signo waw para (ypsilon) u, mientras que una variante de éste para la waw o digamma (F), la Y (zayin) se usó para ds (zeta), la forma llamada sade para s en zonas como Creta, mientras que sin en el ámbito jónico. El signo het de aspirada dental sirvió para marcar la aspiración de otras consonantes y también para la vocal e larga y O (ayin) para la o breve (ómicron), y una variante de ésta para la o larga (omega). Puede decirse, pues, que el alfabeto griego es el primer alfabeto moderno, tal y como hoy se entiende.