Testamento de Salomón.

Los textos de magia se denominan grimorios, una corrupción del francés “grammaire”, gramática. Se llamaban así porque eran “cartillas”, inspirados en los libros que usaba la iglesia para enseñar, siempre de formato pequeño para facilitar su ocultamiento. Hay que recordar que la iglesia tenía el monopolio de la educación, así que cualquier libro elaborado por fuera de ella era potencialmente satánico. Y algunos textos, por supuesto, tenían claramente el objetivo de poner al hombre en contacto con Satanás.

 

La Clavícula Salomonis, uno de los grimorios más famosos de la historia. Escrito en latín vulgar y hebreo, edición de 1557 en Praga, impresor anónimo. El texto abierto tiene poco menos de 20 cms

El Nuevo Testamento indica la existencia de manuales mágicos en Hechos 19:19 cuando “bastantes de los que habían practicado artes mágicas llevaron sus libros y los quemaron”. Pero los grimorios auténticos empezaron a producirse hacia el siglo XII y hasta bien entrado el siglo XIX y ocasionales escarceos en el siglo XX. Siempre contienen fórmulas astrológicas, listas de ángeles y demonios, conjuros para controlarlos, hacer medicinas y amuletos. Debido a la semejanza entre grimorios y las fórmulas sacramentales se sospecha que estos libros surgieron de gente del clero.

En los grimorios confluyen por un lado, la magia judía, la Cábala. Por otro lado, la magia egipcia, que aportó la idea de palabras con carga mágica, en especial los nombres de sus divinidades: los cristianos se limitaron a cambiarlos por nombres de ángeles o demonios. Y finalmente la magia helenística, que juntaba la tradición persa y griega de conocimientos astrales (ni un grimorio deja al azar las condiciones astrológicas y climáticas adecuadas para un conjuro, algo coherente con la magia grecorromana).

La mayoría de los libros conservados están en el British Museum, la Biblioteca del Arsenal, en París, y la Universidad de Yale. Su importancia es debatida, pero los estudiosos aceptan que, aun si fueran supersticiones, aportan para comprender nuestra historia y espiritualidad y sería una lástima perderlos por intolerancia.  

El testamento de Salomón. El primero de los grimorios. El texto proclama ser una narración del rey Salomón en persona sobre la construcción del templo de Jerusalén. De verdad se trata de un libro escrito entre los siglos I a IV d.C., casi mil años después de los acontecimientos que narra. Es importante por ser el primer texto que detalla como un humano, Salomón, pone a los demonios a su servicio, abriendo un nuevo horizonte literario y religioso. Y explica la reputación del rey como experto en el tema demoniaco. 

 

El juicio de Salomón, por Gustavo Doré. La historia aparece en 1Reyes 3:16-28 y es una de las historias fundacionales de la ética occidental. Dos mujeres reclaman como propio un hijo y en ausencia de pruebas el rey ordena partirlo por la mitad y que cada una de las mujeres se lleve un pedazo, a lo cual una de las mujeres clama que lo cede pero que no lo maten, demostrando ser la madre verdadera. La historia es el ejemplo más citado de la "sabiduría salomónica"

Salomón es una figura curiosa. A diferencia de su padre, David, nadie ha podido comprobar su existencia. Es sinónimo de sabiduría; construyó el Templo para el Arca de la Alianza y fue el último rey que gobernó el reino integrado. Por estas razones es el pináculo de la cultura judía. Pero también está su enigmática historia con la reina de Saba (la Biblia ni menciona ni niega que fueran amantes, aunque sugiere que pasaban el día contándose adivinanzas, pero la literatura apócrifa se empeña en describir qué pasaba entre los acertijos), sus onerosos impuestos (en 1Reyes 10 aparece por primera vez el número 666 para contar los talentos que recibía el tesoro anualmente, una cifra obscena) y sus mujeres (según 1Reyes 11:3 tenía setecientas esposas y trecientas concubinas) contradiciendo la Ley. Y para empeorar las cosas, acabó idolatrando dioses como Astarté, iniquidad de la que la Biblia culpa a sus mujeres. Toda la literatura oscila entre esos dos extremos. 

 

Encuentro de Salomón y la Reina de Saba. Décimo pánel de las Puertas Este o Puertas del Paraíso, hechas en bronce para el Baptisterio de San Giovanni, Florencia, Italia, por Lorenzo Ghiberti, 1425

En la tradición oral Salomón vive a la greña con un príncipe infernal, Asmodeo, en una saga que parece la de Superman contra Lex Luthor. Dios le dio a escoger a Salomón entre riquezas, gloria y sabiduría y cuando este eligió la tercera, Dios le encimó las otras dos y control sobre los ángeles y las criaturas infernales usando su pentáculo. Este sello, que merecerá su artículo, mantiene a raya a los demonios y un día el rey le ordena a Asmodeo explicarle por qué los demonios lo temen. El diablo le pide el anillo para explicárselo y en cuanto el rey se lo quita Asmodeo tira el anillo al mar, devora al rey y lo escupe a mil kilómetros. En su viaje de regreso, digno de las Mil y Una Noches (donde también aparece encerrando a un genio con su sello y el genio se parece bastante a Asmodeo), Salomón trabaja como cocinero para un rey amonita, se casa con Naamah (homónima de la que vimos aquí y, aunque no es la misma, consolidó su fama de reina infernal) y compran un pez que resulta haberse tragado el anillo y así el rey derrota a Asmodeo.

 

Sello o Pentáculo de Salomón, el símbolo más conocido y duradero de la magia demoniaca en occidente

En otra leyenda el rey se vale de su autoridad sobre los demonios (con Asmodeo de capataz de la cuadrilla, que lo obedece pleno de resentimiento, maldice el reino y por eso será desgarrado en la siguiente generación) para que las piedras vuelen construyendo el templo en un tiempo record.

Habiendo docenas de leyendas los gnósticos decidieron que si este personaje podía poner en nómina al príncipe de las tinieblas, otros también (los gnósticos no tenían en gran estima a Yahvé, que les parecía una deidad menor y perversa que había creado la materia en un arrebato de locura) y estudiando sobre todo el ejemplo de la construcción del Templo produjeron el Testamento de Salomón, el primer libro dedicado a controlar a los demonios, en qué condiciones obedecían y qué se podía hacer con ellos. La mitología del texto no es muy desarrollada, parecido más un estudio “científico” de un fenómeno que se daba por cierto y tiene una marcada clave griega.

Pero llegó en un momento inoportuno. La iglesia católica, luego del Concilio de Nicea, decidió el exterminio de los gnósticos y el mundo tenía inquietudes inmediatas como la desintegración del orden civil ante el colapso del imperio romano. Pasarían siglos antes de que alguien retomara la idea, no hay ni un grimorio registrado de los siglos V a XII y de hecho es discutible que el Testamento de Salomón ejemplifique este género, pero la idea se desarrollaría con ímpetu durante el final de la Edad Media y el Renacimiento.